8 de mayo de 2010

Juan Gelman - El poeta de la Memoria encendida




Las sirenas de los barcos bufan, las embarcaciones sueltan amarras en una calle polvorienta en la que inician un camino José Gelman y Paulina Burichson, junto a sus hijos Boris y Teodora, padres y hermanos del poeta. En la bitácora del barco alguien anota el testimonio de la infancia: el ambiente familiar en la casa de Villa Crespo, el niño turbado por el amor, el que junta papeles plateados en la calle, las manos pequeñas en el océano del piano, el olor del primer poema, el murmullo del barrio, los inicios del grupo El Pan Duro…la infancia ese terreno mágico en el cual Max Scheler opinaba que los todos los niños son poetas. Pero acá el niño Juan atravesó ese terreno y continuó, y gracias a la vida diría la Viola Chilensis, continua con su morral lleno de palabras que refulgen , iluminan el dolor, la ausencia, el amor, la Memoria. Recuerda que R.G.Tuñón fue uno de sus maestros.

La extranjera

La extranjera no sabe
que su sangre es su casa, que
todo pájaro suyo
sólo ahí puede cantar y abrir
alas de su verano y se abalanza,
alcanza, lanza, alza
como una sed de mundo
que no se puede apagar.
El pájaro encendido cuida
los huecos de la pérdida como
joyas perdidas sin remedio.
Canta allí, loco de luz, no renuncia
a mis monstruos, valiente.
La hora de los dioses
junta los pies
de ese camino.

El niño

El niño duerme
al pie de un árbol y el aire
que lo relata brilla
como vida en la vida. Se vuelca
con claro alivio sobre
la piel llena de caminos, sube
en el fulgor del día
para darle fulgor y el otoño
quiere al niño que duerme
al pie del aire
y el espanto se va, corrido
por una voz
que nadie escucha todavía
en la marea de las huellas.

El Juego en que andamos

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

Epitafio

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre..
Mi corazón era un violín.

Quíse o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mi
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.)

1 comentario:

Estrella del mar dijo...

Juan, no pude con mi genio y quise perpetuar tu nombre en este poema


Girando en versos radiantes de sueños
Enhiesto de dolor en cada sílaba
León herido por el espanto de la ausencia cruel
Marcaste con poemas los golpes recibidos.
Ansiando que dejen huellas en la memoria colectiva
grabaste con letras una herencia perdurable.