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30 de agosto de 2009

Cartas...cartas ...cartas...-Carta de Julio a los hijos del Che ante la noticia de la muerte



París, 29 de octubre de 1967

Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible.

El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba.

Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces. Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.

Che

Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca
pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida. Hasta siempre,
Julio

6 de enero de 2009

Cartas...cartas...cartas..


De Julio Cortazar a Alejandra Pizarmik
Una de las tantas cartas que Julio Cortazar le escribió a Alejandra Pizarnik, a quién había conocido en Paris mientras ella estuvo allí, a quien protegió e introdujo en el mundo literario parisino. La voz de Julio se deja oir. Silvia Loustau
A Alejandra Pizarnik

París, 5 de mayo de 1970

Mi querida Alejandra, gracias por la foto de Duchase, por todo lo que me decís y por los silencios que sé escuchar entre palabra y palabra.(...)
Vi a Octavio en Londres, hablamos de vos, de Duchamp, del arte tántrico, de lo que pasa en México y que es horrible. Vivo meses alienados, pero lo acepto para ayudar – quizá – a que un día haya menos alienación en el mundo. Si puedo escribiré algo este verano en Saignon. Sigo buscando un centro, una cifra – como vos, como los que padecemos la estrella oscura que late en la poesía y en la sangre - . Gracias por quererme tanto, yo seré siempre,


Julio

Estoy en un pueblecito de las colinas, sentado en el café de la plaza. Traje mi correo para leerlo al sol y encuentro tu pequeño sobre rojo. Sí, Alejandra, claro que te pienso con amor, no necesitás pedírmelo, vos estás siempre y sos la luna fiel que ninguna tecnología envilecerá.
Octavio me habló de vos en Londres, con el afecto de siempre, pienso que te gustará saberlo.
Un beso de

Julio

¿Olés el tomillo de mis valles?