2 de diciembre de 2008

Poemas de Sylvia Plath

Boston (1932- Londres 1963). Teniendo sólo 19 años gana un premio para ser redactora durante un mes de una reviste neoyorkina. A lo largo de toda su carrera de estudiante escribe cuentos y poemas y los publica en diarios y revistas. Su diario registra obsesivamente su miedo de no llegar a ser famosa. Sufre continuas depresiones pesar de estar en una de sus etapas más creativas. George Steiner, quien fue también su amigo, dice que, pese a su sonrisa de covergirl, este ser «fieramente autonegador, autocontrolador, ansioso, reticente [...] logró una poesía de deslumbrante finura y control que sólo una necesidad irresistible pudo haberlos ocasionado». Robert Lowell acierta sutilmente al hablarnos de su «controlada alucinación» y de que su poesía es «la autobiografía de la fiebre». Que «la inmortalidad de su arte (tuvo como precio) la desintegración de la vida». Se suicida con apenas 30 años. Algunas de sus obras:La campana de cristal, Ariel, El diario de Sylvia Plath, Antología. Silvia Loustau


La luna y el tejo

Esta es la luz de la mente, fría y planetaria.

Los árboles de la mente son negros. La luz es azul.

Las hierbas se lamentan a mis pies, como si yo fuera Dios,

hiriendo mis tobillos murmuran su humildad.

Espirituosas brumas humeantes habitan este lugar

separado de mi casa por una hilera de lápidas.

Simplemente no puedo ver si hay un sitio adónde ir.

La luna no es una puerta. Es una cara por derecho propio,

blanca como un nudillo y terriblemente turbada.

Arrastra al mar detrás de sí, como un crimen oscuro;

y está en calma

con el bostezo en O del total desencanto. Yo vivo aquí.

Dos veces cada domingo las campanas sobresaltan el cielo-

ocho grandes lenguas afirmando la Resurrección.

Finalmente, ellas proclaman con sobriedad sus nombres.

El tejo apunta hacia arriba. Su forma es gótica.

Sus ojos se elevan por sobre él, y encuentran a la luna.

La luna es mi madre. Ella no es dulce como María.

Sus vestiduras azules sueltan pequeños murciélagos y lechuzas.

Cómo desearía creer en la ternura-

el rostro de la efigie, dulcificado por las velas,

inclinándose, sobre mí en particular, con ojos indulgentes.

¡He caído tanto! Las nubes están floreciendo,

azules y místicas sobre el rostro de las estrellas.

Dentro de la iglesia, los santos serán todos azules,

flotando con sus pies delicados sobre los bancos fríos,

sus cabezas y sus caras rígidas de santidad.

La luna no ve nada de esto. Ella es calva y salvaje.

Y el mensaje del tejo es negrura -negrura y silencio.

*

Amapolas en julio

Pequeñas amapolas, llamitas infernales,

¿es que daño no hacéis?

Se apagan y reviven. No puedo tocarlas.

En su fuego pongo las manos. Nada se incendia.

Contemplarlas me consume

Llameando así, su rojo ajado y brillante como piel

de alguna boca.

Una boca recién ensangrentada

pequeñas faldas sangrientas!

Hay efluvios que no puedo asir.

¿ Dónde están tus opios, tus asquerosas cápsulas?

¡Si pudiera desangrarme y dormir! -

¡ Si pudiera mi boca unir a una herida así!

Oh, vuestros líquidos rezuman en mí, cápsula de vidrio

Apagándose y aquietándose.

Mas, sin color, sin color. Descoloridamente.

*

Palabras

Hachas después de cuyos golpes los sonidos del bosque

Y los ecos!

Ecos viajando

Lejos del centro como caballos

LÍMITE

(último poema, escrito la víspera del suicidio)

La mujer alcanzó la perfección.

Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,

la apariencia de una necesidad griega

fluye por los pergaminos de su toga,

sus pies desnudos parecen decir,

hasta aquí hemos llegado, se acabó.

Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,

uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía.

Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo;

así los pétalos de una rosa cerrada,

cuando el jardín se envara

y los olores sangran de las dulces gargantas

profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene por qué entristecerse,

mirando con fijeza desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas.

Sus negros crepitan y se arrastran.

3 comentarios:

Avesdelcielo dijo...

" Si pudiera creer en la ternurA . . ." dice S.P. Si supiera la ternura que despiertan sus poemas. Una autora que nos hace tambalear. Muy buena idea, Silvia de editar pormas de S.P.
MARITA RAGOZZA

Anónimo dijo...

Excelente selección de una poeta que marcó caminos.Con afecto,

Susana G.

Marta R. Zabaleta dijo...

Buen tributo a una poeta excepcional. Bien hecho, Sylvia!
Con faecto
Marta