27 de enero de 2009

POETAS GRIEGOS CONTEMPORÁNEOS -

Poetas griegos contemporáneos- Yanis Ritsos(1909-1990)
Y. Ritsos fue un poeta comprometido con su tiempo. Tuvo una activa militacia de izquierda que le significó en varias oportunidades el confinamiento en campos de concentración. Su poesía fue conocida por el pueblo al ser musicalizada por Mikis Theodorakis. Sin embargo la suya no es una poesía panfletaria, sino profundamente humanista. Ritsos ha logrado expresar con vigorosas pinceladas y un montaje casi cinematográfico la esencia de una Grecia distinta a la que muestran los afiches turísticos: la Grecia vieja, pobre, siempre de luto, siempre fiel a su lengua, a la libertad a la luz. Obtuvo el premio Lenín ( 1977) y fue candidato, varias veces , al Nobel. Obras: El hombre del clavel, La sonata del claro de luna, 12 poemas para Kavafis, Romisioni, entre otras.





La subida

Estuvo largo tiempo en el ajeno huerto, y sólo pensaba
en subir a escondidas a la higuera desnuda, para mirar
desde lo alto al mundo, como si fuera una hoja
o un pájaro; pero siempre pasaba alguien
y siempre lo dejaba para luego.
Una tarde,
miró en derredor suyo - todo desierto -, trepó
a la rama más alta; entonces se oyeron
voces de entre las matas: "¿Qué haces, allí arriba?"
- grandes voces -, y contestó: "Un higo,
quedaba un higo". La rama se quebró.
Lo levantaron. Tenía la mano derecha agarrotada.
Cuando abrieron sus dedos, no había nada dentro.

Casi prestidigitador

Desde lejos amortigua la luz, mueve las sillas
sin tocarlas. Se cansa. Se quita el sombrero y se abanica.
Después, muy lentamente, se saca tres naipes
del oído. Disuelve una estrella analgésica verde
en un vaso de agua, removiendo con una cucharilla de plata.
Se bebe el vaso y la cuchara. Se vuelve transparente.
En su pecho se ve un pescado de oro que flota.
Muy cansado, más tarde, se tiende en el sofá, y cierra los ojos.
"En la cabeza tengo un pájaro", dice. "No puedo sacarlo".
La sombra de dos grandes alas llena el cuarto.
Detrás del olvido

Lo único sólido que de él quedó fue su chaqueta.
La colgaron allí, en el armario grande. Fue olvidada.
Se pegó al fondo, detrás de nuestras ropas de verano, de invierno,
- nuevas cada año, para nuestras necesidades nuevas -. Hasta que,
un día, llamó nuestra atención - puede que por su color extraño,
puede que por su anticuado corte -. Sobre sus botones
había tres imágenes, iguales y redondas:
el muro del fusilamiento, con cuatro agujeros,
y alrededor, nuestro remordimiento.

S/T

Quien tropieza
en el vacío
quien se agrieta
y dice: yo
echa hojas
florece.
Así luchamos.

3 comentarios:

azpeitia dijo...

Que poesía tan bella, llena de humanidad, de imágenes libres como pájaros...excelente tu blog...azpeitia

Anónimo dijo...

Muy interesante este item sobre poesia griega. Un abrazo



Liliana del Toro

Avesdelcielo dijo...

La palabra distinta, que a partir de lo cotidiano se despliega a trabés de la palabra las luces y sombras de la realidad.
Muy bueno abrirle las puerTas a los griegos de hoy.
Gracias, Silvia.
MARITA RAGOZZA