4 de febrero de 2010

Benjamín Chavez, poeta boliviano, de la tierra de Evo





La poesía es una forma de conocimiento. Gracias a ella se accede a espacios y ámbitos negados para otros discursos y disciplinas. La poesía ilumina vastos territorios que le son propios, como por ejemplo la musicalidad de las palabras o el re descubrimiento y conmoción de ciertos sentimientos. Pero al hacerlo, al iluminar ciertas áreas, la poesía también proyecta su luz sobre territorios adyacentes y confines inimaginados. Imágenes destellantes y luminosas explican, mejor que nada o nadie, aspectos de la realidad muchas veces velados o acaso apenas entrevistos desde otros abordajes y enfoques. Es también una cuestión de posición frente a la vida y el mundo. Creo que la poesía es una opción ética y estética, dice Benjamín Chavez quien nació en Santa Cruz (Bolivia) en 1971. Es colaborador de la revista literaria “La mariposa mundial” y miembro del consejo editorial del suplemento literario “El duende” de la ciudad de Oruro. Ha publicado: “Prehistorias del androide” (Premio Luis Mendizábal Santa Cruz, Oruro, 1994), “Con la misma tijera” (1999), “Santo sin devoción” (2000), “Allá en lo alto un pedazo de cielo” (2003) y es el ganador del Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal” 2006 con su obra “Pequeña librería de viejo”.


Poema número mil para una mujer que jamás leyó ninguno

Después de mil noches anclado en la bahía del correo,
Después de 999 poemas devueltos
En sobres sin abrir,
Te fuiste diluyendo
Como el agua o el viento.
Es que no quisiste perderte en mi bosque
Y rodeaste todos los caminos.
Después de traerte la flamígera espada
Del ángel que custodia el paraíso,
Desenterrar un meteorito
Para compararlo con tus ojos.
Después de la tierra, el sueño
La caída de tres dinastías y un imperio
Te escribo este último poema
Con método de hormiga laboriosa
Cuyo único salario
¾No pequeño¾
Será
El sosiego de terminar este desvarío
Con un número redondo como el sol.

Condición de vampiro

Tras una inútil noche en tránsito sanguíneo
-la temblorosa piel-
-el quejido mínimo-
oficio el cándido ritual de abrir sobres a mordiscos.
Desde una atmçosfera intensa,
cartas que hablan de lejanos países
me seducen, me vencen.
-¡Vuelve hijo mío!-
firma mi madre.
En una arrebato
retomo las infusiones medicantes
la dieta del ajo
la abstinencia...
pero es inútil;
mis sendos colmillos muerden
una y otra vez mi destino:

Y allá en lo alto

y caiga yo
una y otra vez
en tus brazos/ y tú en los míos
y así/ abandonados ya
el uno en el otro/ crucemos triunfales
ese umbral que sólo los dos conocemos
y no diré aquí
porque nací
para guardarte los secretos

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos sus poemas son muy buenos, pero el primero...aplausos.
Cordialmente,


Jan

Anónimo dijo...

Dar trascendencia a los poetas de la tierra del Evo es ara disfrutar, como este poeta que describro aquí.
Un abrazo,

Sebastían Galarreta

Graciela María dijo...

Bellísimos poemas!!!!!! Felicitaciones.

poesiaboliviana dijo...

Gracias Silvia, por sumarte. Muy bueno el espacio que generas. Un cordial saludo.